Texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados
Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.
Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.
La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.
Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.
Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.
Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.
Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.
Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).
Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.
Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.
Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.
Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.
Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.
El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.
Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.
Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.