Simulacro gratuito · formato 2027

Simulacro 1 del examen de admisión de Medicina de Navarra, con soluciones

El examen presencial completo en el formato de la UNAV para 2027/28: 50 preguntas de Biología, 50 de Química y 50 de Física con cinco opciones y, después, un artículo científico con 30 preguntas de comprensión lectora de cuatro opciones, con la respuesta y una explicación completa de cada una. Escrito por IvyTest: no es un examen oficial de la Universidad de Navarra.

Preguntas, respuestas y explicaciones en castellano. La prueba presencial de la UNAV puede hacerse en español o en inglés; los candidatos internacionales de la vía ISAT hacen otra prueba, en línea y en inglés (la guía explica las dos vías).

Antes de empezar

Cómo hacer el simulacro

Preguntas
180
Tiempo
180 minutos
Partes
4, con un tiempo total común
PartePreguntasTiempoPuntuación (Medicine Admission Test)
Biología50–+1 si es correcta, 0 si es incorrecta, 0 en blanco
Química50–+1 si es correcta, 0 si es incorrecta, 0 en blanco
Física50–+1 si es correcta, 0 si es incorrecta, 0 en blanco
Comprensión lectora30–+1 si es correcta, 0 si es incorrecta, 0 en blanco

Hazlo como la prueba presencial: unas tres horas para las cuatro partes, sin calculadora, y responde en papel antes de abrir ninguna explicación. Una respuesta incorrecta no resta, así que contesta todas. Las partes pesan un 30% Biología, un 30% Química, un 25% Física y un 15% la comprensión lectora, así que puntúa cada parte por separado: el recuento del final de la página lo hace por ti.

Parte 1 de 4

Biología

50 preguntas

Pregunta 1

Biología · Unidad y diversidad de la vida · Básica

En el sistema de cinco reinos, los organismos eucariotas, heterótrofos que se nutren por absorción y cuyas células tienen pared de quitina pertenecen al reino:

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Respuesta: B

Los hongos son eucariotas heterótrofos que absorben los nutrientes ya digeridos fuera de la célula y tienen pared celular de quitina. Las plantas también tienen pared, pero es de celulosa y son autótrofas fotosintéticas; los animales carecen de pared celular.

Pregunta 2

Biología · Unidad y diversidad de la vida · Media

Según el concepto biológico de especie, dos poblaciones pertenecen a especies distintas cuando:

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Respuesta: D

El concepto biológico define la especie por el aislamiento reproductivo: el caballo y el asno se cruzan, pero la mula es estéril, y por eso son especies distintas. Las diferencias de forma no bastan, pues individuos muy distintos (razas de perro) pertenecen a la misma especie, y la separación geográfica por sí sola no impide el cruce si las poblaciones vuelven a encontrarse.

Pregunta 3

Biología · Unidad y diversidad de la vida · Básica

¿Cuál de las siguientes estructuras está presente tanto en las células procariotas como en las eucariotas?

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Respuesta: A

Todas las células tienen ribosomas, porque todas sintetizan proteínas; los de las procariotas son 70S y los del citosol eucariota, 80S. Las mitocondrias, la envoltura nuclear y el sistema de endomembranas son exclusivos de las células eucariotas.

Pregunta 4

Biología · Unidad y diversidad de la vida · Media

¿Cuál de los siguientes enunciados NO forma parte de la teoría celular?

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Respuesta: E

La teoría celular afirma que la célula es la unidad estructural, funcional y genética de los seres vivos y que toda célula procede de otra (Virchow). No exige un núcleo con envoltura: las bacterias son células procariotas y su ADN está libre en el citoplasma, en el nucleoide.

Pregunta 5

Biología · Tejidos, órganos y aparatos del ser humano · Básica

El tejido que recubre la superficie del cuerpo y tapiza las cavidades internas, formado por células muy unidas entre sí y con muy poca matriz extracelular, es el tejido:

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Respuesta: C

El tejido epitelial de revestimiento está formado por células yuxtapuestas, unidas por uniones celulares y casi sin sustancia intercelular. El tejido conjuntivo, y el óseo como variedad suya, se caracteriza justamente por lo contrario: células dispersas en una abundante matriz extracelular.

Pregunta 6

Biología · Tejidos, órganos y aparatos del ser humano · Media

La digestión química de las proteínas comienza en:

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Respuesta: C

La pepsina, que se activa a partir del pepsinógeno en el medio ácido del estómago, inicia la hidrólisis de las proteínas. La tripsina del duodeno continúa esa digestión, pero no la inicia; la amilasa salival digiere almidón y la bilis emulsiona grasas sin ser una enzima.

Pregunta 7

Biología · Tejidos, órganos y aparatos del ser humano · Básica

El intercambio de gases entre el aire y la sangre en los pulmones tiene lugar en:

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Respuesta: A

Los alvéolos tienen una pared de una sola capa de células rodeada de capilares, y el O₂ y el CO₂ la atraviesan por difusión. Los bronquios y los bronquiolos terminales son vías de conducción que llevan el aire hasta ellos, y la pleura es la membrana que envuelve el pulmón.

Pregunta 8

Biología · Tejidos, órganos y aparatos del ser humano · Media

En una persona sana, ¿cuál de las siguientes sustancias se filtra en el glomérulo, pero se reabsorbe por completo en el túbulo contorneado proximal, de modo que normalmente no aparece en la orina?

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Respuesta: D

La glucosa pasa libremente al filtrado glomerular y se reabsorbe en su totalidad en el túbulo proximal mientras la glucemia es normal; solo aparece en la orina cuando se supera ese umbral, como en la diabetes. La albúmina tampoco está en la orina, pero porque, por su tamaño, apenas atraviesa el filtro glomerular; la urea y la creatinina se eliminan en la orina.

Pregunta 9

Biología · Tejidos, órganos y aparatos del ser humano · Básica

La sangre que llega a la aurícula izquierda del corazón procede de:

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Respuesta: B

Las venas pulmonares devuelven al corazón la sangre oxigenada de los pulmones y desembocan en la aurícula izquierda. Las venas cavas y el seno coronario llevan sangre poco oxigenada a la aurícula derecha, y las arterias pulmonares salen del ventrículo derecho.

Pregunta 10

Biología · Tejidos, órganos y aparatos del ser humano · Media

Durante la fase de despolarización del potencial de acción de una neurona:

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Respuesta: E

Al alcanzarse el umbral se abren los canales de Na⁺ dependientes de voltaje, el Na⁺ entra a favor de gradiente y el interior pasa a ser positivo. La salida de K⁺ corresponde a la repolarización posterior, y la bomba Na⁺/K⁺ hace lo contrario: saca Na⁺ e introduce K⁺.

Pregunta 11

Biología · Tejidos, órganos y aparatos del ser humano · Difícil

En una sinapsis química colinérgica, ¿qué efecto tendría un fármaco que inhibe la enzima acetilcolinesterasa?

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Respuesta: E

La acetilcolinesterasa hidroliza la acetilcolina en la hendidura y así termina la señal; si se inhibe, el neurotransmisor permanece más tiempo unido a sus receptores y su efecto se prolonga. El fármaco no actúa sobre la liberación ni sobre los receptores, y su efecto es el opuesto a acortar la transmisión.

Pregunta 12

Biología · Tejidos, órganos y aparatos del ser humano · Media

¿Qué hormona, liberada por la neurohipófisis, aumenta la reabsorción de agua en los túbulos colectores del riñón?

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Respuesta: B

La hormona antidiurética se sintetiza en el hipotálamo, se almacena y libera en la neurohipófisis y hace más permeables al agua los túbulos colectores, con lo que la orina se concentra. La aldosterona también actúa en el riñón, pero la segrega la corteza suprarrenal y su efecto directo es la reabsorción de Na⁺.

Pregunta 13

Biología · Tejidos, órganos y aparatos del ser humano · Difícil

En un ciclo menstrual de 28 días, la ovulación se desencadena principalmente por:

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Respuesta: A

Los estrógenos del folículo en maduración, cuando se mantienen elevados, ejercen una retroalimentación positiva sobre el hipotálamo y la hipófisis y provocan el pico de LH que rompe el folículo hacia el día 14. La subida de FSH al comienzo del ciclo estimula el crecimiento de los folículos, pero no la ovulación; la caída de la progesterona desencadena la menstruación.

Pregunta 14

Biología · Tejidos, órganos y aparatos del ser humano · Media

Al completarse la ovogénesis humana (lo que solo ocurre si hay fecundación), a partir de un ovocito primario se obtienen:

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Respuesta: C

Las dos divisiones de la meiosis femenina son asimétricas: casi todo el citoplasma queda en una sola célula, el óvulo, y las demás son cuerpos polares (el segundo se forma en la fecundación y el primero puede dividirse o no). Cuatro gametos funcionales por meiosis es lo que ocurre en la espermatogénesis, no en la ovogénesis.

Pregunta 15

Biología · Tejidos, órganos y aparatos del ser humano · Básica

La carencia prolongada de vitamina C en la dieta produce:

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Respuesta: D

La vitamina C es necesaria para la síntesis de colágeno, y su déficit causa escorbuto: encías sangrantes, mala cicatrización y hemorragias. El raquitismo se debe a la falta de vitamina D, la ceguera nocturna a la de vitamina A, la pelagra a la de niacina (B₃) y el beriberi a la de tiamina (B₁).

Pregunta 16

Biología · Tejidos, órganos y aparatos del ser humano · Media

Durante el desarrollo embrionario humano, el sistema nervioso se forma a partir de:

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Respuesta: A

El tubo neural, del que derivan el encéfalo y la médula espinal, se forma por plegamiento del ectodermo dorsal, que también origina la epidermis. La notocorda, de origen mesodérmico, induce ese plegamiento, pero no forma el tejido nervioso; el trofoblasto da lugar a parte de la placenta.

Pregunta 17

Biología · Tejidos, órganos y aparatos del ser humano · Difícil

Durante la contracción de una fibra muscular esquelética, ¿qué ocurre en cada sarcómero?

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Respuesta: D

Según el modelo del deslizamiento, los filamentos no cambian de longitud: la actina se desliza sobre la miosina hacia el centro, las líneas Z se acercan y se acortan la banda I y la zona H. La banda A mide lo mismo que los filamentos de miosina y por eso no cambia; el Ca²⁺ se une a la troponina, no a la miosina.

Pregunta 18

Biología · Bases moleculares de la vida · Básica

¿Cuál de los siguientes es un bioelemento primario?

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Respuesta: E

Los bioelementos primarios son C, H, O, N, P y S, que forman las biomoléculas orgánicas. El magnesio y el sodio son bioelementos secundarios, y el hierro y el yodo, oligoelementos, imprescindibles pero en cantidades muy pequeñas.

Pregunta 19

Biología · Bases moleculares de la vida · Media

El elevado calor específico del agua, que le permite amortiguar los cambios de temperatura de los seres vivos, se debe principalmente a:

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Respuesta: B

Para calentar el agua hay que romper parte de los puentes de hidrógeno entre sus moléculas, lo que absorbe mucha energía sin que la temperatura suba apenas. La menor densidad del hielo es otra consecuencia de esos mismos puentes, no la causa del calor específico; el agua es polar y sus enlaces O–H son covalentes polares.

Pregunta 20

Biología · Bases moleculares de la vida · Básica

¿Cuál de los siguientes disacáridos está correctamente asociado con los monosacáridos que lo forman?

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Respuesta: C

La maltosa está formada por dos glucosas unidas por un enlace α(1→4), y la celobiosa también por dos glucosas, pero con enlace β. La sacarosa es glucosa + fructosa y la lactosa, glucosa + galactosa: los distractores intercambian esas parejas.

Pregunta 21

Biología · Bases moleculares de la vida · Media

Respecto a los fosfoglicéridos de las membranas celulares, es cierto que:

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Respuesta: D

Un fosfoglicérido es glicerol esterificado con dos ácidos grasos y con ácido fosfórico unido a un alcohol polar; por eso es anfipático y en agua forma bicapas, con las colas hacia dentro. La bicapa se mantiene por interacciones hidrófobas, no por enlaces covalentes, y al contener ácidos grasos estos lípidos son saponificables.

Pregunta 22

Biología · Bases moleculares de la vida · Media

Cuando una proteína se desnaturaliza por un calentamiento moderado:

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Respuesta: E

La desnaturalización rompe los enlaces débiles (puentes de hidrógeno, interacciones iónicas e hidrófobas) que mantienen la conformación, y sin ella la proteína pierde su función. La estructura primaria se conserva, y por eso a veces la proteína puede renaturalizarse al volver a condiciones normales: no siempre es irreversible.

Pregunta 23

Biología · Bases moleculares de la vida · Difícil

Un inhibidor competitivo de una enzima:

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Respuesta: C

El inhibidor competitivo se parece al sustrato y ocupa el centro activo de forma reversible; con mucho sustrato este acaba desplazándolo, de modo que la velocidad máxima no cambia y lo que aumenta es la Km aparente. Unirse a otro sitio y reducir la velocidad máxima es propio de la inhibición no competitiva.

Pregunta 24

Biología · Bases moleculares de la vida · Media

En una molécula de ADN bicatenario, el 30 % de las bases nitrogenadas son adenina. ¿Qué porcentaje de las bases son citosina?

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Respuesta: A

Por la complementariedad de bases, A = T = 30 %, así que A + T = 60 % y G + C = 40 %; como G = C, la citosina es el 20 %. El 40 % es la suma de guanina y citosina, no la citosina sola.

Pregunta 25

Biología · Estructura y función celular · Básica

¿Qué orgánulo modifica, empaqueta y distribuye las proteínas sintetizadas en el retículo endoplasmático rugoso?

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Respuesta: B

Las proteínas pasan del retículo rugoso al aparato de Golgi en vesículas; allí se glucosilan, se clasifican y se envían a la membrana, a los lisosomas o al exterior. El retículo liso sintetiza lípidos y detoxifica, y los lisosomas son uno de los destinos de esas proteínas, no quienes las distribuyen.

Pregunta 26

Biología · Estructura y función celular · Básica

El paso de glucosa a través de la membrana, a favor de su gradiente de concentración, mediante una proteína transportadora específica y sin gasto de ATP, se denomina:

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Respuesta: B

Es transporte pasivo, porque va a favor de gradiente sin gastar energía, y facilitado, porque necesita una proteína transportadora: la glucosa es polar y no atraviesa la bicapa por difusión simple. El transporte activo requiere energía y mueve sustancias en contra de gradiente.

Pregunta 27

Biología · Estructura y función celular · Media

Si se colocan glóbulos rojos humanos en una solución de NaCl muy diluida, hipotónica respecto a su citoplasma:

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Respuesta: C

En la ósmosis el agua pasa del medio con menos soluto al de más soluto; aquí entra en el eritrocito, que al no tener pared se hincha hasta estallar. Arrugarse es lo que ocurre en un medio hipertónico, y la ósmosis es el paso de agua, no del soluto.

Pregunta 28

Biología · Estructura y función celular · Básica

La entrada en la célula de partículas grandes, como bacterias, englobadas por prolongaciones de la membrana (pseudópodos) se denomina:

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Respuesta: E

La fagocitosis es la endocitosis de partículas sólidas grandes mediante pseudópodos, como hacen los macrófagos y los neutrófilos con las bacterias. La pinocitosis es la entrada de líquido con solutos en pequeñas vesículas, y la exocitosis es el proceso inverso: la salida de sustancias.

Pregunta 29

Biología · Estructura y función celular · Difícil

Una célula de un organismo con 2n = 8 cromosomas entra en meiosis. Al final de la meiosis I, ¿cuántos cromosomas y cuántas cromátidas tiene cada célula hija?

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Respuesta: D

En la meiosis I se separan los cromosomas homólogos, no las cromátidas: cada célula hija recibe n = 4 cromosomas, cada uno todavía con dos cromátidas, es decir, 8 cromátidas. Cuatro cromosomas con una sola cromátida cada uno es lo que queda al final de la meiosis II.

Pregunta 30

Biología · Estructura y función celular · Básica

La replicación del ADN durante el ciclo celular tiene lugar en:

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Respuesta: A

En la fase S (de síntesis) se duplica el ADN, y cada cromosoma pasa a tener dos cromátidas hermanas. En G1 y G2 la célula crece y se prepara, y en la profase los cromosomas ya duplicados se condensan.

Pregunta 31

Biología · Estructura y función celular · Media

Respecto a la respiración celular aerobia de la glucosa en una célula eucariota, es cierto que:

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Respuesta: C

La cadena respiratoria y la ATP sintasa de la membrana mitocondrial interna producen la mayor parte del ATP a partir del NADH y el FADH₂. El O₂ es el aceptor final de electrones, pero de la cadena respiratoria, no del ciclo de Krebs; la glucólisis ocurre en el citosol y no libera CO₂.

Pregunta 32

Biología · Estructura y función celular · Difícil

En condiciones anaerobias, las células musculares reducen el piruvato a lactato. La función principal de esta reacción es:

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Respuesta: A

La glucólisis consume NAD⁺; sin O₂ la cadena respiratoria no lo regenera, y al reducir el piruvato a lactato el NADH se reoxida y la glucólisis sigue aportando sus 2 ATP. La reacción en sí no produce ATP, y la fermentación láctica no libera CO₂.

Pregunta 33

Biología · Estructura y función celular · Media

La quimiosíntesis es un proceso:

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Respuesta: B

Las bacterias quimiosintéticas (nitrificantes, sulfooxidantes, del hierro) son autótrofas: oxidan sustancias como NH₃, H₂S o Fe²⁺ y con la energía obtenida reducen CO₂ a materia orgánica. Las plantas no hacen quimiosíntesis, y los hongos son heterótrofos.

Pregunta 34

Biología · Herencia y genética molecular · Básica

Al cruzar dos individuos heterocigóticos Aa, siendo A dominante sobre a, la proporción fenotípica esperada en la descendencia es:

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Respuesta: E

El cruce da 1/4 AA, 1/2 Aa y 1/4 aa; como AA y Aa muestran el mismo fenotipo, la proporción fenotípica es 3 dominantes : 1 recesivo. La proporción 1 : 2 : 1 es la genotípica, y 9 : 3 : 3 : 1 corresponde al cruce de dos dihíbridos.

Pregunta 35

Biología · Herencia y genética molecular · Media

En el cruce AaBb × aabb, con dos genes que se transmiten de forma independiente, ¿qué proporción de la descendencia será aabb?

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Respuesta: D

Para cada gen, Aa × aa da 1/2 aa y Bb × bb da 1/2 bb; al ser independientes, la probabilidad conjunta es 1/2 × 1/2 = 1/4. El 1/16 sería la respuesta en el cruce AaBb × AaBb, no en este cruzamiento prueba.

Pregunta 36

Biología · Herencia y genética molecular · Difícil

La hemofilia A se debe a un alelo recesivo ligado al cromosoma X. Una mujer sana cuyo padre era hemofílico tiene una hija con un hombre hemofílico. ¿Cuál es la probabilidad de que esa hija sea hemofílica?

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Respuesta: E

La mujer recibió de su padre un X con el alelo de la hemofilia, así que es portadora (XᴴXʰ); el padre de la niña es XʰY y le transmite siempre su Xʰ. La hija será hemofílica si de su madre recibe Xʰ, lo que ocurre con probabilidad 1/2. El 25 % es la probabilidad de que un descendiente cualquiera sea una hija hemofílica, pero la pregunta ya parte de que es una hija.

Pregunta 37

Biología · Herencia y genética molecular · Difícil

Un hombre de grupo sanguíneo A, cuya madre era del grupo 0, tiene hijos con una mujer del grupo AB. ¿Qué grupos sanguíneos pueden tener sus hijos?

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Respuesta: D

El hombre recibió un alelo i de su madre, así que es Iᴬi; la mujer es IᴬIᴮ. Los hijos pueden ser IᴬIᴬ o Iᴬi (grupo A), IᴬIᴮ (AB) o Iᴮi (B), pero nunca ii, porque la madre no tiene alelo i. Quien supone que el padre es IᴬIᴬ obtiene solo A y AB, y olvida el grupo B.

Pregunta 38

Biología · Herencia y genética molecular · Básica

Decir que la replicación del ADN es semiconservativa significa que:

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Respuesta: C

Cada cadena del ADN original sirve de molde y queda emparejada con su cadena complementaria nueva, como demostraron Meselson y Stahl con nitrógeno pesado. Conservar la molécula original entera sería el modelo conservativo, que ese experimento descartó; además, la ADN polimerasa sintetiza en sentido 5'→3'.

Pregunta 39

Biología · Herencia y genética molecular · Media

Un fragmento de la hebra molde de un gen tiene la secuencia 3'-TACGGA-5'. ¿Cuál es la secuencia del ARNm transcrito a partir de él?

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Respuesta: B

El ARNm es complementario y antiparalelo a la hebra molde, y lleva U en lugar de T: frente a 3'-TACGGA-5' se forma 5'-AUGCCU-3', que empieza por el codón de inicio AUG. La secuencia con T es ADN, no ARN, y la que tiene las mismas bases con los extremos 3' y 5' invertidos no respeta el antiparalelismo.

Pregunta 40

Biología · Herencia y genética molecular · Media

Que el código genético sea degenerado significa que:

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Respuesta: A

Hay 64 codones y solo 20 aminoácidos, así que la mayoría de los aminoácidos tienen varios codones sinónimos (la leucina, por ejemplo, tiene seis). Lo contrario no ocurre: cada codón codifica un único aminoácido, es decir, el código no es ambiguo; además, es casi universal y se lee sin solapamientos.

Pregunta 41

Biología · Herencia y genética molecular · Difícil

¿Cuál de las siguientes mutaciones tendrá, en general, un efecto más grave sobre la proteína si ocurre cerca del comienzo de la secuencia codificante de un gen?

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Respuesta: A

Perder un nucleótido desplaza el marco de lectura: todos los codones siguientes cambian y suele aparecer pronto un codón de terminación, de modo que la proteína resulta inservible. La deleción de tres nucleótidos elimina solo un aminoácido y conserva el marco, y una sustitución sinónima no cambia la proteína.

Pregunta 42

Biología · Herencia y genética molecular · Básica

En la mayoría de los casos, el síndrome de Down se debe a:

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Respuesta: B

El síndrome de Down es una mutación genómica: el cariotipo muestra tres copias del cromosoma 21 (47 cromosomas), casi siempre por una no disyunción en la meiosis. La trisomía del 18 es el síndrome de Edwards, y la monosomía del X, el síndrome de Turner.

Pregunta 43

Biología · Microorganismos y sus aplicaciones · Básica

¿Cuál de las siguientes afirmaciones sobre los virus es correcta?

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Respuesta: D

Los virus no son células: carecen de ribosomas y de metabolismo propio, y solo se multiplican dentro de una célula hospedadora usando su maquinaria. Cada virus contiene un solo tipo de ácido nucleico, ADN o ARN, y la bipartición es la forma de reproducción de las bacterias.

Pregunta 44

Biología · Microorganismos y sus aplicaciones · Media

Las bacterias grampositivas se caracterizan por:

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Respuesta: C

La gruesa capa de peptidoglucano retiene el complejo de cristal violeta y yodo tras el lavado con alcohol, y por eso las grampositivas se ven moradas. La membrana externa con lipopolisacárido y el color rosa (por la safranina) son propios de las gramnegativas.

Pregunta 45

Biología · Microorganismos y sus aplicaciones · Media

En el ciclo del nitrógeno, la transformación del amonio (NH₄⁺) en nitrato (NO₃⁻) la realizan:

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Respuesta: E

La nitrificación es una oxidación en dos pasos: Nitrosomonas oxida el amonio a nitrito y Nitrobacter, el nitrito a nitrato, y obtienen así su energía. Rhizobium fija el N₂ atmosférico y lo convierte en amonio, mientras que las desnitrificantes devuelven el nitrato a N₂.

Pregunta 46

Biología · Microorganismos y sus aplicaciones · Básica

La elaboración del pan y de la cerveza se basa en la actividad de:

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Respuesta: D

Saccharomyces cerevisiae realiza la fermentación alcohólica: produce etanol, que da la cerveza, y CO₂, que hace subir la masa del pan. Las bacterias lácticas intervienen en el yogur y el queso, y las acéticas convierten el etanol en vinagre.

Pregunta 47

Biología · Inmunidad y sus aplicaciones · Media

Respecto a la estructura de una inmunoglobulina G, es cierto que:

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Respuesta: C

La IgG es un monómero en forma de Y de cuatro cadenas; cada brazo tiene un sitio de unión formado por las regiones variables de una cadena pesada y una ligera, así que hay dos. Que haya cuatro cadenas no significa cuatro sitios de unión; la región constante determina las funciones efectoras, y los anticuerpos los producen las células plasmáticas, derivadas de linfocitos B.

Pregunta 48

Biología · Inmunidad y sus aplicaciones · Media

A una persona mordida por una serpiente venenosa se le administra un suero con anticuerpos contra el veneno. La inmunidad que adquiere es:

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Respuesta: E

El suero aporta anticuerpos ya fabricados por otro organismo: la protección es artificial (procede de una intervención médica) y pasiva (el receptor no los produce), actúa de inmediato y dura poco, porque no genera memoria. Una vacuna, en cambio, da inmunidad artificial activa y duradera.

Pregunta 49

Biología · Inmunidad y sus aplicaciones · Media

El VIH causa la inmunodeficiencia característica del sida porque infecta y destruye sobre todo:

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Respuesta: A

El VIH entra en las células que tienen la molécula CD4, sobre todo los linfocitos T colaboradores, y su pérdida progresiva deja sin coordinar las respuestas humoral y celular. Los linfocitos T citotóxicos son CD8⁺ y no son su diana principal, aunque su función se resiente al faltar la ayuda de los CD4⁺.

Pregunta 50

Biología · Inmunidad y sus aplicaciones · Difícil

Los anticuerpos monoclonales se obtienen a partir de hibridomas, que resultan de fusionar:

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Respuesta: B

El linfocito B aporta la capacidad de fabricar un único anticuerpo específico, y la célula tumoral de mieloma, la de dividirse indefinidamente en cultivo; el clon resultante produce grandes cantidades de un anticuerpo idéntico. Fusionar dos células plasmáticas distintas no daría un anticuerpo único ni una línea inmortal.

Parte 2 de 4

Química

50 preguntas

Pregunta 51

Química · Conceptos básicos · Básica

¿Cuántas moléculas hay en 9 g de agua? (Masas atómicas: H = 1; O = 16; Nₐ = 6,02 × 10²³ mol⁻¹)

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Respuesta: C

La masa molar del agua es 2 · 1 + 16 = 18 g/mol, así que 9 g son 0,5 mol y contienen 0,5 · 6,02 × 10²³ = 3,01 × 10²³ moléculas. El número de Avogadro sin más corresponde a un mol entero (18 g), y multiplicar los gramos directamente por Nₐ da 5,42 × 10²⁴, que confunde masa con cantidad de sustancia.

Pregunta 52

Química · Conceptos básicos · Básica

¿Cuál de las siguientes parejas fórmula-nombre es correcta?

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Respuesta: A

El ion ClO⁻, con el cloro en estado de oxidación +1, es el hipoclorito, de modo que NaClO es hipoclorito de sodio. H₂SO₃ es el ácido sulfuroso (el sulfúrico es H₂SO₄), en FeCl₃ el hierro actúa con +3, K₂Cr₂O₇ es el dicromato y CaO₂ es un peróxido, no el óxido CaO.

Pregunta 53

Química · Conceptos básicos · Media

Se disuelven 4 g de NaOH en agua hasta obtener 250 mL de disolución. ¿Cuál es su molaridad? (Masas atómicas: Na = 23; O = 16; H = 1)

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Respuesta: E

La masa molar del NaOH es 23 + 16 + 1 = 40 g/mol, así que 4 g son 0,1 mol; en 0,250 L la concentración es 0,1 / 0,25 = 0,4 M. Quedarse en 0,1 M es olvidar dividir por el volumen en litros, y dividir los gramos directamente entre el volumen (4 / 0,25 = 16) da una concentración en g/L, no en mol/L.

Pregunta 54

Química · Conceptos básicos · Media

Una muestra de gas ideal ocupa 10 L a 27 °C y 2 atm. ¿Qué volumen ocupará a 327 °C y 4 atm?

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Respuesta: B

Con P₁V₁/T₁ = P₂V₂/T₂ y las temperaturas en kelvin (300 K y 600 K): V₂ = 10 · (2/4) · (600/300) = 10 L, porque duplicar la temperatura absoluta compensa exactamente duplicar la presión. Usar grados Celsius (327/27) lleva a unos 60,6 L, un error típico; la ley de los gases exige temperatura absoluta.

Pregunta 55

Química · Conceptos básicos · Media

Un recipiente contiene 2 mol de N₂, 1 mol de O₂ y 1 mol de Ar, y la presión total es de 2 atm. ¿Cuál es la presión parcial del O₂?

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Respuesta: D

Según la ley de Dalton, la presión parcial es la fracción molar por la presión total: x(O₂) = 1/4, así que p(O₂) = 0,25 · 2 = 0,5 atm. El valor 0,25 atm es la fracción molar, no la presión, y 1 atm sería la presión parcial del N₂.

Pregunta 56

Química · Conceptos básicos · Difícil

Se hacen reaccionar 4 g de H₂ con 48 g de O₂ según 2 H₂ + O₂ → 2 H₂O. ¿Qué ocurre? (Masas atómicas: H = 1; O = 16)

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Respuesta: A

Hay 2 mol de H₂ y 1,5 mol de O₂; los 2 mol de H₂ solo necesitan 1 mol de O₂, de modo que el H₂ es el reactivo limitante, se forman 2 mol de agua (36 g) y sobran 0,5 mol de O₂ (16 g). Sumar las masas (52 g) solo valdría si ambos reactivos se consumieran por completo, y la masa total se conserva igualmente: 36 + 16 = 52 g.

Pregunta 57

Química · Conceptos básicos · Básica

Se disuelven 20 g de glucosa en 180 g de agua. ¿Cuál es el porcentaje en masa de glucosa en la disolución?

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Respuesta: C

El porcentaje en masa es masa de soluto entre masa de disolución: 20 / (20 + 180) · 100 = 10 %. El 11,1 % aparece al dividir entre la masa del disolvente (180 g) en lugar de la de la disolución.

Pregunta 58

Química · Conceptos básicos · Difícil

Un elemento tiene dos isótopos de masas 10 u y 11 u, y su masa atómica media es 10,8 u. ¿Qué abundancia tiene el isótopo de masa 11?

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Respuesta: E

Si x es la fracción del isótopo de masa 11: 11x + 10(1 − x) = 10,8, de donde x = 0,8, es decir, un 80 %. El 20 % es la abundancia del isótopo ligero; como la media (10,8) está mucho más cerca de 11 que de 10, el isótopo pesado tiene que ser el mayoritario.

Pregunta 59

Química · Estructura atómica y sistema periódico · Básica

¿Cuántos electrones desapareados tiene un átomo de nitrógeno (Z = 7) en su estado fundamental?

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Respuesta: D

La configuración es 1s² 2s² 2p³ y, por la regla de Hund, los tres electrones 2p ocupan cada uno un orbital p distinto con espines paralelos, así que hay 3 desapareados. Contar 5 es confundir los electrones de valencia (2s² 2p³) con los desapareados: los dos del 2s están apareados.

Pregunta 60

Química · Estructura atómica y sistema periódico · Media

¿Cuál de los siguientes conjuntos de números cuánticos (n, l, mₗ, mₛ) NO es posible para un electrón?

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Respuesta: B

El número cuántico secundario solo puede valer de 0 a n − 1, de modo que con n = 2 el valor l = 2 está prohibido (no existen orbitales 2d). El conjunto (4, 3, 3, −½) sí es válido: con l = 3, mₗ puede ir de −3 a +3.

Pregunta 61

Química · Estructura atómica y sistema periódico · Básica

¿Cuál de los siguientes elementos tiene la mayor primera energía de ionización?

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Respuesta: E

La energía de ionización aumenta hacia la derecha en un periodo y hacia arriba en un grupo; el argón, gas noble del tercer periodo con la capa de valencia completa, es el que más energía necesita para perder un electrón. El cloro le sigue de cerca, pero su carga nuclear efectiva es menor, y el potasio, abajo a la izquierda, es el que menos energía necesita.

Pregunta 62

Química · Estructura atómica y sistema periódico · Media

¿Cuál es una limitación reconocida del modelo atómico de Bohr?

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Respuesta: B

Bohr reproduce con éxito las líneas del espectro del hidrógeno, pero falla con los átomos polielectrónicos y no justifica por qué la energía está cuantizada. Precisamente su aportación fue cuantizar la energía y explicar la estabilidad del átomo, y los orbitales como funciones de onda pertenecen a la mecánica cuántica posterior.

Pregunta 63

Química · Estructura atómica y sistema periódico · Básica

El principio de incertidumbre de Heisenberg establece que:

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Respuesta: A

Heisenberg afirma que cuanto mayor es la precisión con la que se conoce la posición de una partícula, menor es la precisión con la que puede conocerse su momento lineal, y viceversa. Los demás enunciados son, respectivamente, el principio de exclusión de Pauli, la regla de Hund, la hipótesis de De Broglie y el postulado de Bohr.

Pregunta 64

Química · Estructura atómica y sistema periódico · Media

Según el modelo de Bohr, la energía del electrón del hidrógeno es Eₙ = −13,6/n² eV. ¿Qué energía tiene el fotón emitido cuando el electrón pasa de n = 2 a n = 1?

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Respuesta: C

E₂ = −13,6/4 = −3,4 eV y E₁ = −13,6 eV; el fotón se lleva la diferencia, −3,4 − (−13,6) = 10,2 eV. 3,4 eV es solo el valor absoluto de E₂, y 17,0 eV sale de sumar los valores absolutos en lugar de restar las energías.

Pregunta 65

Química · Estructura atómica y sistema periódico · Básica

¿Qué conclusión se extrajo del experimento de Rutherford, en el que se bombardeó una lámina de oro con partículas alfa?

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Respuesta: D

La mayoría de las partículas alfa atravesaba la lámina sin desviarse y unas pocas rebotaban, lo que solo se explica si el átomo es casi todo vacío con un núcleo diminuto, denso y positivo. La esfera positiva con electrones incrustados es el modelo de Thomson, que este experimento descartó, y el neutrón no se descubrió hasta 1932.

Pregunta 66

Química · Enlace químico y propiedades de las sustancias · Básica

¿Cuál de las siguientes propiedades es característica del cloruro de sodio?

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Respuesta: B

En el cristal iónico los iones están fijos en la red y no pueden moverse; al fundirlo o disolverlo quedan libres y la sustancia conduce. Por eso el sólido no conduce, y su red rígida lo hace duro y frágil, no dúctil ni maleable como un metal.

Pregunta 67

Química · Enlace químico y propiedades de las sustancias · Media

¿Qué geometría tiene la molécula de amoniaco (NH₃) y qué hibridación presenta el nitrógeno?

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Respuesta: D

El nitrógeno tiene cuatro pares de electrones (tres enlazantes y uno solitario), hibridación sp³; como la geometría solo describe la posición de los átomos, la molécula es una pirámide trigonal con ángulos de unos 107°. Llamarla plana trigonal es olvidar el par solitario, y no es un tetraedro regular porque ese par comprime los ángulos H–N–H.

Pregunta 68

Química · Enlace químico y propiedades de las sustancias · Media

¿Cuál de las siguientes moléculas es apolar aunque sus enlaces sean polares?

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Respuesta: A

El CO₂ es lineal (O=C=O) y los dos momentos dipolares de los enlaces C=O, iguales y opuestos, se anulan. El agua también tiene enlaces polares, pero es angular, de modo que sus momentos dipolares se suman y la molécula es polar.

Pregunta 69

Química · Enlace químico y propiedades de las sustancias · Media

El agua hierve a 100 °C y el sulfuro de hidrógeno (H₂S), a unos −60 °C. ¿A qué se debe esta diferencia?

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Respuesta: E

Al hervir se rompen fuerzas entre moléculas, no enlaces dentro de ellas; el oxígeno, pequeño y muy electronegativo, permite enlaces de hidrógeno entre moléculas de agua, mucho más fuertes que las fuerzas que unen las de H₂S. La fortaleza del enlace covalente O–H no interviene en la ebullición, y además el H₂S es más pesado, de modo que sus fuerzas de dispersión son, si acaso, mayores.

Pregunta 70

Química · Enlace químico y propiedades de las sustancias · Difícil

Calcule la energía reticular del NaCl con estos datos (kJ/mol): entalpía de sublimación del Na = +108; energía de disociación del Cl₂ = +244; primera energía de ionización del Na = +496; afinidad electrónica del Cl = −349; entalpía de formación del NaCl(s) = −411.

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Respuesta: C

Por el ciclo de Born-Haber, ΔHf = ΔHsub + ½D + EI + AE + U, y solo hace falta medio mol de Cl₂ (122 kJ): U = −411 − (108 + 122 + 496 − 349) = −411 − 377 = −788 kJ/mol. Usar la energía de disociación completa (244) da −910 kJ/mol, y tomar la afinidad electrónica con signo positivo da −1486 kJ/mol.

Pregunta 71

Química · Enlace químico y propiedades de las sustancias · Básica

Los metales son buenos conductores de la electricidad porque:

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Respuesta: D

En el enlace metálico los cationes ocupan posiciones fijas y los electrones de valencia forman una «nube» deslocalizada que se mueve con facilidad bajo un campo eléctrico. No son los iones los que se desplazan: en un metal sólido están fijos en la red.

Pregunta 72

Química · Enlace químico y propiedades de las sustancias · Media

En la molécula de etino (HC≡CH), los átomos de carbono presentan hibridación:

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Respuesta: C

Cada carbono forma dos enlaces σ (con el H y con el otro C) mediante dos orbitales híbridos sp, separados 180°, así que la molécula es lineal. El triple enlace está formado por un enlace σ y dos π, no por tres π: entre dos átomos solo puede haber un enlace σ.

Pregunta 73

Química · Energía de las reacciones químicas · Básica

Una reacción que transcurre a presión constante tiene ΔH = −90 kJ. Se puede afirmar que:

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Respuesta: B

Una variación de entalpía negativa significa que el sistema cede calor al entorno, es decir, la reacción es exotérmica. Que sea espontánea o no lo decide ΔG = ΔH − TΔS, y sin conocer ΔS no puede afirmarse nada sobre ello.

Pregunta 74

Química · Energía de las reacciones químicas · Media

Dadas C(s) + O₂(g) → CO₂(g), ΔH = −394 kJ, y CO(g) + ½ O₂(g) → CO₂(g), ΔH = −283 kJ, ¿cuál es la ΔH de C(s) + ½ O₂(g) → CO(g)?

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Respuesta: E

Por la ley de Hess se suma la combustión del carbono y la del CO invertida (ΔH = +283 kJ): −394 + 283 = −111 kJ. Sumar las dos ecuaciones tal como están, sin invertir la del CO, da −677 kJ.

Pregunta 75

Química · Energía de las reacciones químicas · Media

Una reacción tiene ΔH > 0 y ΔS > 0. Suponiendo que ambas no varían con la temperatura, la reacción es:

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Respuesta: A

En ΔG = ΔH − TΔS, el término −TΔS es negativo y crece con T, de modo que a temperatura suficientemente alta supera a ΔH > 0 y ΔG se hace negativa. A temperaturas bajas domina la ΔH positiva y la reacción no es espontánea; el caso «espontánea solo a bajas temperaturas» corresponde a ΔH < 0 y ΔS < 0.

Pregunta 76

Química · Energía de las reacciones químicas · Difícil

Para una reacción, ΔH = +180 kJ y ΔS = +200 J/K, ambas independientes de la temperatura. ¿Por encima de qué temperatura es espontánea?

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Respuesta: A

La reacción es espontánea cuando ΔG < 0, es decir, cuando T > ΔH/ΔS = 180 000 J / 200 J/K = 900 K. Dividir 180 entre 200 sin pasar los kJ a J da 0,9 K, un error de unidades muy frecuente.

Pregunta 77

Química · Energía de las reacciones químicas · Media

Con las entalpías de enlace H–H = 436 kJ/mol, Cl–Cl = 242 kJ/mol y H–Cl = 431 kJ/mol, ¿cuál es la ΔH de H₂(g) + Cl₂(g) → 2 HCl(g)?

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Respuesta: E

ΔH = Σ(enlaces rotos) − Σ(enlaces formados) = (436 + 242) − 2 · 431 = 678 − 862 = −184 kJ. Contar un solo enlace H–Cl en lugar de dos da +247 kJ (o −247 kJ si además se resta al revés), y +184 kJ es el resultado de restar al revés.

Pregunta 78

Química · Energía de las reacciones químicas · Básica

¿En cuál de los siguientes procesos aumenta la entropía del sistema?

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Respuesta: C

La descomposición del carbonato de calcio parte de un sólido y produce un gas, de modo que el desorden aumenta. En la síntesis del amoniaco y en la oxidación del SO₂ disminuye el número de moles de gas, y la condensación y la congelación llevan a estados más ordenados.

Pregunta 79

Química · Cinética y equilibrio · Básica

Al añadir un catalizador a una reacción reversible:

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Respuesta: D

El catalizador ofrece un camino de menor energía de activación y acelera por igual la reacción directa y la inversa, así que el equilibrio se alcanza antes pero en la misma posición. No cambia ΔH ni la constante de equilibrio, que dependen solo de los estados inicial y final y de la temperatura, y se recupera intacto al final.

Pregunta 80

Química · Cinética y equilibrio · Media

Para la síntesis del amoniaco, N₂(g) + 3 H₂(g) ⇌ 2 NH₃(g), ΔH = −92 kJ, ¿qué cambio aumenta la cantidad de NH₃ en el equilibrio?

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Respuesta: B

Según Le Chatelier, al aumentar la presión el equilibrio se desplaza hacia donde hay menos moles de gas: 2 mol de NH₃ frente a 4 mol de reactivos. Calentar favorece el sentido endotérmico, que aquí es el inverso; por eso el proceso Haber-Bosch trabaja a presión alta y a una temperatura de compromiso, con un catalizador para ganar velocidad.

Pregunta 81

Química · Cinética y equilibrio · Media

¿En cuál de los siguientes equilibrios en fase gaseosa se cumple que Kp = Kc?

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Respuesta: C

Kp = Kc(RT)^Δn, donde Δn es la variación del número de moles de gas; solo en H₂ + I₂ ⇌ 2 HI es Δn = 2 − 2 = 0, y entonces (RT)⁰ = 1. En la disociación del N₂O₄, por ejemplo, Δn = 1 y Kp = Kc·RT.

Pregunta 82

Química · Cinética y equilibrio · Difícil

En un recipiente de 2 L se introducen 3 mol de A y 3 mol de B, que reaccionan según A(g) + B(g) ⇌ C(g). En el equilibrio hay 2 mol de C. ¿Cuánto vale Kc?

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Respuesta: B

Se han consumido 2 mol de A y 2 de B, así que quedan 1 mol de cada uno; las concentraciones son [A] = [B] = 0,5 M y [C] = 1 M, y Kc = 1 / (0,5 · 0,5) = 4. Usar moles en lugar de concentraciones da 2 / (1 · 1) = 2, que solo sería correcto si Δn fuera cero.

Pregunta 83

Química · Cinética y equilibrio · Media

El producto de solubilidad del AgCl es Ks = 1,0 × 10⁻¹⁰. ¿Cuál es su solubilidad en agua pura?

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Respuesta: D

AgCl(s) ⇌ Ag⁺ + Cl⁻, con [Ag⁺] = [Cl⁻] = s, de modo que Ks = s² y s = √(10⁻¹⁰) = 1,0 × 10⁻⁵ M. Tomar la solubilidad igual a Ks es olvidar que el producto de solubilidad multiplica dos concentraciones.

Pregunta 84

Química · Cinética y equilibrio · Básica

Según la teoría de colisiones, ¿por qué aumenta la velocidad de una reacción al elevar la temperatura?

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Respuesta: A

Al subir la temperatura las moléculas tienen más energía cinética y una fracción mucho mayor de los choques supera la energía de activación, es decir, hay más choques eficaces. La energía de activación no cambia con la temperatura: lo que la rebaja es un catalizador.

Pregunta 85

Química · Ácidos y bases · Básica

¿Cuál es el pH de una disolución 0,01 M de HCl?

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Respuesta: E

El HCl es un ácido fuerte y está totalmente disociado, así que [H₃O⁺] = 10⁻² M y pH = −log 10⁻² = 2. El valor 12 sería el pH de una base fuerte 0,01 M, y 0,01 es la concentración, no el pH.

Pregunta 86

Química · Ácidos y bases · Difícil

¿Cuál es el pH de una disolución 0,1 M de un ácido débil monoprótico HA con Ka = 1,0 × 10⁻⁵? (Considere despreciable la fracción disociada frente a 0,1.)

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Respuesta: E

Ka ≈ x²/0,1, de modo que x² = 10⁻⁶ y [H₃O⁺] = x = 10⁻³ M, con lo que pH = 3. El 1 trata el ácido como si fuera fuerte y el 6 olvida la raíz cuadrada (toma x = 10⁻⁶).

Pregunta 87

Química · Ácidos y bases · Media

Según la teoría de Brønsted-Lowry, ¿cuál es la base conjugada del ion H₂PO₄⁻?

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Respuesta: A

La base conjugada de un ácido es la especie que queda cuando este cede un protón: H₂PO₄⁻ → HPO₄²⁻ + H⁺. El H₃PO₄ es su ácido conjugado (tiene un protón más), y el PO₄³⁻ resultaría de perder dos protones.

Pregunta 88

Química · Ácidos y bases · Media

¿Cuál de las siguientes sales da una disolución acuosa básica?

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Respuesta: B

El ion acetato es la base conjugada de un ácido débil y se hidroliza: CH₃COO⁻ + H₂O ⇌ CH₃COOH + OH⁻, lo que vuelve básica la disolución. El NH₄Cl y el NH₄NO₃ dan disoluciones ácidas, porque el ion amonio es el ácido conjugado de una base débil, y el NaCl y el KNO₃ son neutras.

Pregunta 89

Química · Ácidos y bases · Difícil

Una disolución reguladora contiene 0,1 M de un ácido débil HA (Ka = 1,0 × 10⁻⁵) y 1,0 M de su sal sódica NaA. ¿Cuál es su pH?

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Respuesta: D

Con la ecuación de Henderson-Hasselbalch, pH = pKa + log([A⁻]/[HA]) = 5 + log(1,0/0,1) = 5 + 1 = 6. Invertir el cociente da 4, y el pH sería igual al pKa (5) solo si las dos concentraciones fueran iguales.

Pregunta 90

Química · Ácidos y bases · Media

¿Qué volumen de NaOH 0,2 M se necesita para neutralizar por completo 25 mL de H₂SO₄ 0,1 M?

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Respuesta: C

Hay 0,025 L · 0,1 M = 2,5 × 10⁻³ mol de H₂SO₄, que aportan el doble de protones, 5 × 10⁻³ mol; hacen falta los mismos moles de OH⁻, es decir, 5 × 10⁻³ / 0,2 = 0,025 L = 25 mL. El valor 12,5 mL sale de olvidar que el ácido sulfúrico es diprótico.

Pregunta 91

Química · Reacciones de transferencia de electrones · Básica

¿Cuál es el número de oxidación del manganeso en el permanganato de potasio, KMnO₄?

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Respuesta: B

El potasio aporta +1 y los cuatro oxígenos −8; para que la suma sea cero el manganeso debe tener +7. El +6 es el del manganeso en el manganato (K₂MnO₄), y +2 y +4 son los de Mn²⁺ y MnO₂, productos habituales de su reducción.

Pregunta 92

Química · Reacciones de transferencia de electrones · Media

En una pila formada por los electrodos Zn²⁺/Zn (E° = −0,76 V) y Cu²⁺/Cu (E° = +0,34 V), en condiciones estándar:

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Respuesta: D

Se reduce la especie con mayor potencial de reducción (Cu²⁺) y se oxida el cinc, que es el ánodo; E° = E°cátodo − E°ánodo = 0,34 − (−0,76) = 1,10 V, positiva porque la pila es espontánea. Restar los valores absolutos da 0,42 V, y los electrones salen del ánodo, el cinc, hacia el cobre.

Pregunta 93

Química · Reacciones de transferencia de electrones · Difícil

Se hace pasar una corriente de 9,65 A durante 1000 s por una disolución de CuSO₄. ¿Qué masa de cobre se deposita en el cátodo? (F = 96 500 C/mol; masa atómica Cu = 63,5)

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Respuesta: E

La carga es 9,65 · 1000 = 9650 C, es decir, 0,1 mol de electrones; como Cu²⁺ + 2e⁻ → Cu, se depositan 0,05 mol de cobre, 0,05 · 63,5 ≈ 3,18 g. Suponer un solo electrón por átomo de cobre da el doble, 6,35 g, y 0,05 g confunde los moles de cobre con su masa.

Pregunta 94

Química · Reacciones de transferencia de electrones · Difícil

En medio ácido, el ion permanganato oxida el Fe²⁺ a Fe³⁺ y se reduce a Mn²⁺. Una vez ajustada la reacción, ¿cuántos moles de Fe²⁺ oxida cada mol de MnO₄⁻?

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Respuesta: C

El manganeso pasa de +7 a +2 y gana 5 electrones (MnO₄⁻ + 8 H⁺ + 5e⁻ → Mn²⁺ + 4 H₂O), mientras que cada Fe²⁺ cede solo uno; para igualar los electrones hacen falta 5 Fe²⁺ por cada MnO₄⁻. El 3 correspondería a la reducción a MnO₂, que es la que ocurre en medio neutro o básico, no en ácido.

Pregunta 95

Química · Reacciones de transferencia de electrones · Media

Para proteger de la corrosión el casco de acero de un barco se le unen bloques de magnesio. Esto funciona porque:

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Respuesta: A

El magnesio es más reductor que el hierro (su potencial de reducción es más negativo), así que actúa como ánodo de sacrificio: se oxida él y el hierro queda como cátodo, protegido. Si el magnesio fuera el cátodo, sería el hierro el que se corroería; y los bloques no recubren el casco, sino que lo protegen solo por estar en contacto eléctrico con él.

Pregunta 96

Química · Química orgánica · Básica

¿Cuál es el nombre del compuesto CH₃–COO–CH₂–CH₃?

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Respuesta: D

El grupo –COO– entre dos cadenas carbonadas es un éster: la parte CH₃–COO– procede del ácido etanoico y la parte –CH₂–CH₃ del etanol, así que es el etanoato (acetato) de etilo. El ácido butanoico tiene la misma fórmula molecular, C₄H₈O₂, pero su grupo carboxilo (–COOH) está en el extremo de la cadena; son isómeros de función.

Pregunta 97

Química · Química orgánica · Media

¿Cuál de los siguientes compuestos presenta isomería geométrica (cis-trans)?

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Respuesta: C

Para que haya isomería cis-trans cada carbono del doble enlace debe llevar dos sustituyentes distintos; en el but-2-eno (CH₃–CH=CH–CH₃) cada uno lleva un H y un CH₃. En el but-1-eno y en el propeno uno de los carbonos del doble enlace tiene dos hidrógenos, y en el 2-metilpropeno uno lleva dos metilos.

Pregunta 98

Química · Química orgánica · Básica

La reacción CH₂=CH₂ + HBr → CH₃–CH₂Br es una reacción de:

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Respuesta: A

El HBr se une al doble enlace, que pasa a ser sencillo, y los dos reactivos dan un único producto: es una adición. En una sustitución un átomo o grupo sustituiría a otro sin que desapareciera ningún enlace múltiple, y la eliminación es el proceso inverso, que formaría el doble enlace.

Pregunta 99

Química · Química orgánica · Difícil

¿Cuál de los siguientes compuestos tiene un carbono asimétrico y, por tanto, presenta isomería óptica?

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Respuesta: B

En el butan-2-ol, CH₃–CH(OH)–CH₂–CH₃, el carbono 2 está unido a cuatro grupos distintos (H, OH, CH₃ y C₂H₅), así que es quiral. En el pentan-3-ol el carbono del OH lleva dos grupos etilo iguales, y en el propan-2-ol, dos metilos, de modo que ninguno de los dos es asimétrico.

Pregunta 100

Química · Química orgánica · Media

¿Cuál de los siguientes polímeros se obtiene por polimerización de condensación?

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Respuesta: E

El nailon se forma al unirse un ácido dicarboxílico y una diamina mediante enlaces amida, liberando una molécula pequeña (agua) en cada unión: es una condensación. Los otros cuatro se obtienen por adición, abriendo el doble enlace de un monómero vinílico sin que se desprenda nada.

Parte 3 de 4

Física

50 preguntas

Pregunta 101

Física · Herramientas básicas de la física · Básica

¿Cómo se expresa el newton en función de las unidades fundamentales del Sistema Internacional?

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Respuesta: C

Por la segunda ley de Newton, F = m·a, de modo que 1 N = 1 kg · 1 m/s² = 1 kg·m·s⁻². La combinación kg·m²·s⁻² corresponde al julio, que es una unidad de energía (fuerza por distancia), no de fuerza.

Pregunta 102

Física · Herramientas básicas de la física · Básica

Dados los vectores a = (2, −1, 3) y b = (1, 4, 2), su producto escalar a · b vale:

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Respuesta: A

El producto escalar es la suma de los productos de las componentes: 2·1 + (−1)·4 + 3·2 = 2 − 4 + 6 = 4. Si se olvida el signo negativo de la segunda componente se obtiene 12, y el producto escalar es un número, no un vector como (2, −4, 6).

Pregunta 103

Física · Herramientas básicas de la física · Media

Dos vectores de módulos 4 y 5 forman entre sí un ángulo de 30°. El módulo de su producto vectorial es:

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Respuesta: E

El módulo del producto vectorial es |a|·|b|·sen θ = 4 · 5 · sen 30° = 20 · 0,5 = 10. El valor 10√3 se obtiene con el coseno, que es lo que corresponde al producto escalar, no al vectorial.

Pregunta 104

Física · Herramientas básicas de la física · Media

¿Qué magnitud física tiene por ecuación de dimensiones M·L²·T⁻³?

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Respuesta: B

La potencia es energía por unidad de tiempo: [E]/[t] = M·L²·T⁻² / T = M·L²·T⁻³, que en el SI es el vatio (kg·m²·s⁻³). La energía tiene dimensiones M·L²·T⁻², le falta dividir entre el tiempo.

Pregunta 105

Física · Herramientas básicas de la física · Básica

Una ambulancia circula a 72 km/h. Expresada en unidades del SI, su velocidad es:

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Respuesta: D

72 km/h = 72 · 1000 m / 3600 s = 72 / 3,6 m/s = 20 m/s. Multiplicar por 3,6 en lugar de dividir da 259,2 m/s, un valor absurdo para un vehículo.

Pregunta 106

Física · Herramientas básicas de la física · Media

La posición de una partícula que se mueve en línea recta viene dada por x(t) = 3t² − 2t + 1 (x en metros, t en segundos). Su velocidad instantánea en t = 2 s es:

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Respuesta: D

La velocidad instantánea es la derivada de la posición respecto del tiempo: v(t) = 6t − 2, y v(2) = 12 − 2 = 10 m/s. El valor 4 m/s es la velocidad media entre t = 0 y t = 2 s, (9 − 1)/2, y 9 es la posición en t = 2 s, no su velocidad.

Pregunta 107

Física · Herramientas básicas de la física · Media

Un móvil parte del reposo desde el origen y su velocidad aumenta según v(t) = 4t (en unidades del SI). ¿En qué posición se encuentra en t = 3 s?

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Respuesta: A

La posición se obtiene integrando la velocidad: x(t) = ∫ 4t dt = 2t² (con x(0) = 0), luego x(3) = 2 · 9 = 18 m, que es también el área bajo la recta v-t. Multiplicar la velocidad final por el tiempo (12 · 3 = 36 m) sería correcto solo si la velocidad fuese constante.

Pregunta 108

Física · Herramientas básicas de la física · Media

¿Qué ángulo forman los vectores a = (1, 1, 0) y b = (0, 1, 1)?

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Respuesta: C

Del producto escalar: cos θ = a · b / (|a|·|b|) = 1 / (√2 · √2) = 1/2, de donde θ = 60°. No son perpendiculares (90°), porque su producto escalar no es cero.

Pregunta 109

Física · Herramientas básicas de la física · Difícil

El producto vectorial a × b de los vectores a = (1, 2, 0) y b = (3, 0, 1) es:

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Respuesta: E

Desarrollando el determinante: a × b = (2·1 − 0·0, 0·3 − 1·1, 1·0 − 2·3) = (2, −1, −6). El vector (−2, 1, 6) es b × a, ya que el producto vectorial es anticonmutativo, y el número 3 es el producto escalar.

Pregunta 110

Física · Movimientos y fuerzas · Básica

Un coche parte del reposo con una aceleración constante de 2 m/s². ¿Qué distancia recorre en los primeros 5 s?

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Respuesta: B

En un movimiento rectilíneo uniformemente acelerado desde el reposo, x = ½·a·t² = ½ · 2 · 25 = 25 m. Olvidar el factor ½ da 50 m, y 10 es la velocidad (en m/s) alcanzada a los 5 s, no una distancia.

Pregunta 111

Física · Movimientos y fuerzas · Básica

Se deja caer una piedra desde una altura de 45 m. Despreciando el rozamiento con el aire, ¿cuánto tarda en llegar al suelo? (g = 10 m/s²)

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Respuesta: A

En caída libre desde el reposo, h = ½·g·t², luego t = √(2h/g) = √(90/10) = √9 = 3 s. El valor 9 s resulta de olvidar la raíz cuadrada, y 4,5 s de dividir simplemente la altura entre g.

Pregunta 112

Física · Movimientos y fuerzas · Media

Un punto del borde de una rueda de 2 m de radio gira con una rapidez constante de 4 m/s. Su aceleración es:

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Respuesta: E

Aunque el módulo de la velocidad no cambie, su dirección sí, y existe una aceleración normal (centrípeta) aₙ = v²/r = 16/2 = 8 m/s². Pensar que un movimiento circular uniforme no tiene aceleración lleva a 0, que es falso: solo la aceleración tangencial es nula.

Pregunta 113

Física · Movimientos y fuerzas · Básica

Un cuerpo se desplaza en línea recta con velocidad constante. ¿Qué se puede afirmar de las fuerzas que actúan sobre él?

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Respuesta: C

Por la primera ley de Newton, si la velocidad es constante la aceleración es nula y, por tanto, la fuerza resultante también lo es. Eso no exige que no actúe ninguna fuerza: pueden actuar varias que se compensen, como el peso y la normal.

Pregunta 114

Física · Movimientos y fuerzas · Básica

Sobre un bloque de 3 kg apoyado en una superficie horizontal sin rozamiento actúan dos fuerzas horizontales de sentidos opuestos: 20 N hacia la derecha y 8 N hacia la izquierda. Su aceleración es:

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Respuesta: B

La fuerza resultante es 20 − 8 = 12 N hacia la derecha, y a = F/m = 12/3 = 4 m/s². Sumar las fuerzas como si tuvieran el mismo sentido (28 N) da 9,3 m/s².

Pregunta 115

Física · Movimientos y fuerzas · Media

Se empuja un bloque de 5 kg sobre una superficie horizontal con una fuerza horizontal de 30 N. Si el coeficiente de rozamiento dinámico es 0,2, la aceleración del bloque es (g = 10 m/s²):

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Respuesta: D

La fuerza de rozamiento es μ·N = μ·m·g = 0,2 · 5 · 10 = 10 N, así que la resultante es 30 − 10 = 20 N y a = 20/5 = 4 m/s². Calcular el rozamiento con la masa en lugar del peso (0,2 · 5 = 1 N) da 5,8 m/s².

Pregunta 116

Física · Movimientos y fuerzas · Media

Se cuelga una masa de 2 kg de un muelle vertical de constante elástica 200 N/m. Una vez en equilibrio, el muelle se ha alargado (g = 10 m/s²):

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Respuesta: B

En el equilibrio la fuerza elástica iguala al peso: k·x = m·g, luego x = 20/200 = 0,1 m = 10 cm. Usar la masa en lugar del peso (2/200 = 0,01 m) da 1 cm.

Pregunta 117

Física · Movimientos y fuerzas · Media

Un carrito de 2 kg que se mueve a 6 m/s choca contra otro de 1 kg en reposo y ambos quedan unidos. ¿Con qué velocidad se mueve el conjunto justo después del choque?

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Respuesta: E

Se conserva la cantidad de movimiento: 2 · 6 + 1 · 0 = (2 + 1)·v, luego v = 12/3 = 4 m/s. Promediar las velocidades (3 m/s) no tiene en cuenta las masas, y 6 m/s supondría que el segundo carrito no frena al primero.

Pregunta 118

Física · Movimientos y fuerzas · Difícil

Un satélite pesa 900 N en la superficie terrestre. ¿Cuánto pesará a una altura sobre la superficie igual a dos veces el radio de la Tierra?

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Respuesta: A

El peso varía con el inverso del cuadrado de la distancia al centro de la Tierra, que pasa de R a R + 2R = 3R; el peso se divide entre 3² = 9 y queda en 100 N. Tomar la altura (2R) como distancia da 225 N, y el peso no se anula: la gravedad sigue actuando.

Pregunta 119

Física · Movimientos y fuerzas · Media

Desde lo alto de un edificio de 20 m se lanza una pelota horizontalmente a 10 m/s. Despreciando el rozamiento con el aire, ¿a qué distancia horizontal de la base del edificio cae? (g = 10 m/s²)

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Respuesta: C

El movimiento vertical es una caída libre: t = √(2h/g) = √4 = 2 s; en horizontal la velocidad es constante, x = 10 · 2 = 20 m. Olvidar la raíz da un tiempo de 4 s y una distancia de 40 m.

Pregunta 120

Física · Movimientos y fuerzas · Difícil

Un bloque desciende por un plano inclinado de ángulo α (sen α = 0,6; cos α = 0,8; g = 10 m/s²) con un coeficiente de rozamiento dinámico de 0,25. Su aceleración es:

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Respuesta: D

A lo largo del plano, m·a = m·g·sen α − μ·m·g·cos α, de modo que a = 10 · (0,6 − 0,25 · 0,8) = 10 · 0,4 = 4 m/s². Sin rozamiento serían 6 m/s², y calcular la normal con el seno en vez del coseno da 4,5 m/s².

Pregunta 121

Física · Movimientos y fuerzas · Media

Un tren avanza a 15 m/s respecto de las vías. Un pasajero camina por el pasillo hacia la cola del tren a 2 m/s respecto del vagón. Para un observador en el andén, el pasajero se mueve a:

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Respuesta: E

Las velocidades se suman vectorialmente al cambiar de sistema de referencia: 15 m/s hacia delante más 2 m/s hacia atrás dan 13 m/s, todavía en el sentido de avance del tren. Sumar los módulos (17 m/s) ignora que caminar hacia la cola resta velocidad.

Pregunta 122

Física · Energía, trabajo y calor · Básica

Se arrastra un carro 4 m por el suelo tirando de él con una fuerza de 50 N que forma 60° con la dirección del desplazamiento. El trabajo realizado por esa fuerza es:

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Respuesta: C

El trabajo de una fuerza constante es W = F·d·cos θ = 50 · 4 · cos 60° = 200 · 0,5 = 100 J. Usar el seno da 100√3 J, y 200 J supondría que toda la fuerza actúa en la dirección del desplazamiento.

Pregunta 123

Física · Energía, trabajo y calor · Básica

¿Cuál es la energía cinética de un cuerpo de 4 kg que se mueve a 5 m/s?

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Respuesta: A

Ec = ½·m·v² = ½ · 4 · 25 = 50 J. Olvidar el factor ½ da 100 J, y 20 es el valor de la cantidad de movimiento m·v (en kg·m/s), no una energía.

Pregunta 124

Física · Energía, trabajo y calor · Media

Un niño se deja caer desde el reposo por un tobogán sin rozamiento cuya parte superior está 5 m por encima de la inferior. ¿Con qué rapidez llega abajo? (g = 10 m/s²)

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Respuesta: A

Sin rozamiento se conserva la energía mecánica: m·g·h = ½·m·v², luego v = √(2gh) = √100 = 10 m/s, independientemente de la masa. Tampoco depende de la forma ni de la inclinación del tobogán, porque la normal no realiza trabajo y solo cuenta el desnivel.

Pregunta 125

Física · Energía, trabajo y calor · Básica

Un montacargas eleva una carga de 50 kg a una altura de 12 m en 20 s con velocidad constante. ¿Qué potencia desarrolla? (g = 10 m/s²)

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Respuesta: B

El trabajo realizado es el aumento de energía potencial, m·g·h = 50 · 10 · 12 = 6000 J, y la potencia es P = W/t = 6000/20 = 300 W. El valor 6000 es el trabajo en julios, no la potencia, y 30 W resulta de olvidar g.

Pregunta 126

Física · Energía, trabajo y calor · Media

Un gas absorbe 500 J de calor y, al expandirse, realiza un trabajo de 200 J sobre el entorno. La variación de su energía interna es:

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Respuesta: D

Por el primer principio, la energía interna aumenta con el calor recibido y disminuye con el trabajo que el sistema realiza: ΔU = 500 − 200 = 300 J. Sumar ambos (700 J) trata el trabajo de expansión como energía que entra en el gas, cuando en realidad sale.

Pregunta 127

Física · Energía, trabajo y calor · Básica

¿Cuál de las siguientes fuerzas NO es conservativa?

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Respuesta: C

El trabajo del rozamiento depende del camino recorrido (cuanto más largo, más energía disipa) y en una trayectoria cerrada no es nulo, por lo que no es conservativa. El peso, la fuerza elástica, la electrostática y la gravitatoria realizan un trabajo que solo depende de las posiciones inicial y final.

Pregunta 128

Física · Energía, trabajo y calor · Media

Un coche que circula a 20 m/s frena bloqueando las ruedas sobre un asfalto con coeficiente de rozamiento 0,5. ¿Qué distancia recorre hasta detenerse? (g = 10 m/s²)

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Respuesta: E

El trabajo del rozamiento anula la energía cinética: μ·m·g·d = ½·m·v², luego d = v²/(2μg) = 400/(2 · 0,5 · 10) = 40 m. Olvidar el factor ½ de la energía cinética da el doble, 80 m.

Pregunta 129

Física · Energía, trabajo y calor · Básica

¿Qué cantidad de calor hay que suministrar a 2 kg de agua para calentarla de 20 °C a 70 °C? (Calor específico del agua: 4200 J/(kg·K).)

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Respuesta: B

Q = m·c·ΔT = 2 · 4200 · 50 = 420 000 J = 420 kJ; una diferencia de 50 °C es también una diferencia de 50 K. Usar la temperatura final (70 °C) en lugar del incremento da 588 kJ.

Pregunta 130

Física · Energía, trabajo y calor · Difícil

Una máquina térmica ideal (de Carnot) funciona entre un foco caliente a 527 °C y uno frío a 127 °C. Su rendimiento es:

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Respuesta: D

El rendimiento de Carnot es η = 1 − T_fría/T_caliente con temperaturas absolutas: 1 − 400 K/800 K = 0,5, es decir, 50 %. Hacer el cálculo en grados Celsius (1 − 127/527) da un 76 %, que es incorrecto, y el segundo principio impide que ninguna máquina alcance el 100 %.

Pregunta 131

Física · Energía, trabajo y calor · Difícil

Un bloque de 0,5 kg que desliza sin rozamiento a 2 m/s choca contra un muelle horizontal de constante 200 N/m. ¿Cuál es la compresión máxima del muelle?

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Respuesta: A

Toda la energía cinética se convierte en energía potencial elástica: ½ · 0,5 · 4 = 1 J = ½ · 200 · x², luego x² = 0,01 m² y x = 0,1 m = 10 cm. Dar 1 cm es confundir x² = 0,01 con el propio valor de x.

Pregunta 132

Física · Energía, trabajo y calor · Media

La energía potencial gravitatoria de un satélite de masa m a una distancia r del centro de la Tierra es Ep = −G·M·m/r. Si el satélite se aleja cada vez más de la Tierra, su energía potencial:

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Respuesta: D

Al crecer r, el cociente G·M·m/r se hace menor, de modo que Ep es cada vez menos negativa: aumenta y tiende a cero en el infinito, que es el origen de energías. Decir que disminuye confunde el valor absoluto, que sí se reduce, con el valor de la energía, que sube.

Pregunta 133

Física · Electricidad y magnetismo · Básica

Dos cargas puntuales se repelen con una fuerza de 36 N. Si la distancia entre ellas se triplica, la fuerza pasa a ser:

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Respuesta: B

Según la ley de Coulomb, la fuerza es inversamente proporcional al cuadrado de la distancia: al triplicarla se divide entre 9, y 36/9 = 4 N. Dividir solo entre 3 (12 N) supone una dependencia con 1/r en lugar de 1/r².

Pregunta 134

Física · Electricidad y magnetismo · Media

Dos cargas de 2 µC y 3 µC están separadas 30 cm en el vacío. ¿Con qué fuerza se repelen? (k = 9·10⁹ N·m²/C².)

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Respuesta: E

F = k·q₁·q₂/r² = 9·10⁹ · 2·10⁻⁶ · 3·10⁻⁶ / (0,3)² = 5,4·10⁻² / 0,09 = 0,6 N. Dividir entre r en vez de r² da 0,18 N, y no pasar los 30 cm a metros da 6·10⁻⁵ N.

Pregunta 135

Física · Electricidad y magnetismo · Media

¿Cuál es el módulo del campo eléctrico creado por una carga puntual de 4 nC en un punto situado a 2 m de ella, en el vacío? (k = 9·10⁹ N·m²/C².)

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Respuesta: C

E = k·q/r² = 9·10⁹ · 4·10⁻⁹ / 2² = 36/4 = 9 N/C. Dividir entre r en lugar de r² da 18 N/C, y 3,6·10¹⁰ N/C resulta de no pasar los nanoculombios a culombios.

Pregunta 136

Física · Electricidad y magnetismo · Difícil

Una carga de 2 µC se traslada desde un punto A, cuyo potencial es 100 V, hasta un punto B, cuyo potencial es 400 V. El trabajo realizado por la fuerza eléctrica del campo en ese desplazamiento es:

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Respuesta: C

El trabajo del campo es W = q·(V_A − V_B) = 2·10⁻⁶ · (100 − 400) = −6·10⁻⁴ J: es negativo porque una carga positiva se lleva hacia potenciales mayores, contra el campo. El valor positivo 6·10⁻⁴ J es el trabajo que debe realizar un agente externo, no el del campo.

Pregunta 137

Física · Electricidad y magnetismo · Básica

Sobre las superficies equipotenciales de un campo eléctrico es cierto que:

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Respuesta: A

Como el potencial no varía sobre una superficie equipotencial, el campo no tiene componente a lo largo de ella y las líneas de campo la atraviesan perpendicularmente. Que el potencial sea constante no significa que el campo sea nulo; además, el trabajo para mover una carga sobre ella es cero, y dos equipotenciales distintas nunca se cortan.

Pregunta 138

Física · Electricidad y magnetismo · Media

Entre dos placas metálicas paralelas separadas 4 mm se establece una diferencia de potencial de 200 V. El campo eléctrico uniforme entre ellas vale:

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Respuesta: E

En un campo uniforme E = ΔV/d = 200 V / 0,004 m = 50 000 V/m = 5·10⁴ V/m. Dividir entre 4 sin pasar los milímetros a metros da 50 V/m, y multiplicar la diferencia de potencial por la distancia no tiene sentido dimensional.

Pregunta 139

Física · Electricidad y magnetismo · Media

Un protón (q = 1,6·10⁻¹⁹ C) entra a 2·10⁵ m/s en un campo magnético uniforme de 0,5 T, perpendicular a su velocidad. El módulo de la fuerza de Lorentz que actúa sobre él es:

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Respuesta: D

F = q·v·B·sen 90° = 1,6·10⁻¹⁹ · 2·10⁵ · 0,5 = 1,6·10⁻¹⁴ N. La fuerza solo sería nula si la velocidad fuera paralela al campo; con velocidad perpendicular es máxima.

Pregunta 140

Física · Electricidad y magnetismo · Difícil

Un protón y una partícula alfa (carga doble y masa cuatro veces mayor que la del protón) entran con la misma velocidad, perpendicular a las líneas de campo, en el mismo campo magnético uniforme. El radio de la trayectoria de la partícula alfa, comparado con el del protón, es:

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Respuesta: B

Igualando la fuerza de Lorentz a la fuerza centrípeta, q·v·B = m·v²/r, de donde r = m·v/(q·B). Para la partícula alfa la masa se multiplica por 4 y la carga por 2, así que el radio es 4/2 = 2 veces el del protón; atender solo a la masa llevaría al cuádruple.

Pregunta 141

Física · Electricidad y magnetismo · Básica

Para que se induzca una corriente eléctrica en una espira conductora cerrada es necesario que:

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Respuesta: D

Según la ley de Faraday-Lenz, la fuerza electromotriz inducida es proporcional a la rapidez con que varía el flujo magnético a través de la espira. Un campo intenso pero constante, con la espira en reposo, produce un flujo constante y no induce corriente.

Pregunta 142

Física · Ondas y óptica · Básica

Un sonido de 680 Hz se propaga por el aire a 340 m/s. Su longitud de onda es:

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Respuesta: A

La velocidad de propagación es v = λ·f, luego λ = v/f = 340/680 = 0,5 m. Invertir el cociente (f/v) da 2, que además no tendría unidades de longitud.

Pregunta 143

Física · Ondas y óptica · Media

Una onda armónica se describe mediante y(x, t) = 0,02 sen(10πt − 2πx), con x e y en metros y t en segundos. Su velocidad de propagación es:

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Respuesta: E

De la ecuación se leen ω = 10π rad/s y k = 2π rad/m, y la velocidad de propagación es v = ω/k = 5 m/s (equivalentemente, λ = 1 m y f = 5 Hz). El valor 0,2π m/s es A·ω, la velocidad máxima de vibración de las partículas del medio, que no es la de propagación de la onda.

Pregunta 144

Física · Ondas y óptica · Básica

¿Cuál de las siguientes es una onda longitudinal?

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Respuesta: B

En el sonido que se propaga por el aire, las moléculas vibran en la misma dirección en que avanza la onda, con compresiones y enrarecimientos: es una onda longitudinal. En una cuerda la vibración es perpendicular a la propagación, y la luz, las ondas de radio y los rayos X son ondas electromagnéticas, siempre transversales.

Pregunta 145

Física · Ondas y óptica · Media

Una masa colgada de un muelle oscila con movimiento armónico simple. Si se sustituye por otra masa cuatro veces mayor, el periodo de oscilación:

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Respuesta: C

El periodo de un oscilador masa-muelle es T = 2π·√(m/k), proporcional a la raíz de la masa: al multiplicar m por 4, T se multiplica por √4 = 2. Pensar que se cuadruplica es olvidar la raíz cuadrada.

Pregunta 146

Física · Ondas y óptica · Difícil

Una partícula oscila según x(t) = 0,05 sen(20t), con x en metros y t en segundos. El valor máximo de su aceleración es:

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Respuesta: E

En un movimiento armónico simple a = −ω²·x, de modo que la aceleración máxima es A·ω² = 0,05 · 20² = 0,05 · 400 = 20 m/s², alcanzada en los extremos. El valor 1 es A·ω, la velocidad máxima en m/s, no la aceleración.

Pregunta 147

Física · Ondas y óptica · Media

Un rayo de luz pasa del aire (n = 1) a un medio de índice de refracción √3 con un ángulo de incidencia de 60°. El ángulo de refracción es:

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Respuesta: A

Por la ley de Snell, 1 · sen 60° = √3 · sen r, luego sen r = (√3/2)/√3 = 1/2 y r = 30°. Al pasar a un medio más refringente el rayo se acerca a la normal, así que el ángulo de refracción tiene que ser menor que el de incidencia.

Pregunta 148

Física · Ondas y óptica · Difícil

La luz viaja por un material de índice de refracción √2 hacia su superficie de separación con el aire (n = 1). ¿A partir de qué ángulo de incidencia se produce reflexión total?

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Respuesta: D

El ángulo límite cumple √2 · sen L = 1 · sen 90°, luego sen L = 1/√2 y L = 45°; para ángulos mayores toda la luz se refleja. La reflexión total ocurre justamente al pasar a un medio de menor índice, que es el caso del aire, no al revés.

Pregunta 149

Física · Ondas y óptica · Básica

Cuando un haz de luz monocromática pasa del aire al agua, ¿qué magnitud de la onda permanece constante?

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Respuesta: B

La frecuencia la impone la fuente y no cambia al pasar de un medio a otro; lo que cambia es la velocidad y, con ella, la longitud de onda (λ = v/f). Por eso no puede conservarse la longitud de onda junto con la frecuencia, y la dirección solo se mantiene en la incidencia normal.

Pregunta 150

Física · Ondas y óptica · Difícil

Una cuerda de 1,2 m de longitud, fija por ambos extremos, vibra formando ondas estacionarias. Si las ondas se propagan por ella a 240 m/s, la frecuencia de su tercer armónico es:

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Respuesta: C

Con los dos extremos fijos, fₙ = n·v/(2L); la fundamental es 240/2,4 = 100 Hz y el tercer armónico, 3 · 100 = 300 Hz. El valor 150 Hz corresponde a la fórmula de un tubo cerrado por un extremo, n·v/(4L), que no se aplica a una cuerda fija por ambos lados.

Parte 4 de 4

Comprensión lectora

30 preguntas

Pregunta 151

Comprensión lectora · Estructura del artículo científico · Básica

Según el artículo, ¿cuál era el objetivo principal del estudio?

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Respuesta: C

El objetivo se enuncia en el Resumen y al final de la Introducción: comprobar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada reducen la presión arterial sistólica. El perímetro de la cintura y la condición física se estudiaron, pero como objetivos secundarios, no como el principal.

Pregunta 152

Comprensión lectora · Vocabulario biomédico y de investigación · Básica
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

En un «ensayo controlado aleatorizado por conglomerados» como el que describe el artículo, ¿qué se asignó al azar?

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Respuesta: A

Los Métodos lo explican: la unidad asignada al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Un «conglomerado» es precisamente ese grupo (aquí, el centro) que se asigna entero; asignar alumno por alumno sería un ensayo aleatorizado individual.

Pregunta 153

Comprensión lectora · Estructura del artículo científico · Básica
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

¿Quiénes formaron el grupo control del estudio?

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Respuesta: D

Cuatro centros se asignaron por sorteo al grupo control, que mantuvo su horario habitual con las dos horas semanales de Educación Física. Los alumnos que asistieron poco a las sesiones siguen perteneciendo al grupo de intervención, y los excluidos o los que no dieron su consentimiento no participaron en el estudio.

Pregunta 154

Comprensión lectora · Extracción y comparación de datos · Media
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

¿Qué porcentaje de los alumnos invitados a participar formó la muestra final del estudio?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: B

Se invitó a 1.200 alumnos y la muestra final fue de 960: 960 / 1.200 = 0,8, es decir, el 80%. El 83% corresponde a los 1.000 que entregaron el consentimiento, antes de excluir a 40, y el 87,5% es la proporción de la muestra que completó el estudio.

Pregunta 155

Comprensión lectora · Estructura del artículo científico · Básica
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Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

¿En qué apartado del artículo se explica cuántos alumnos hacían falta para poder detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: B

El cálculo del tamaño de la muestra se hace antes de recoger los datos y forma parte del diseño, por eso aparece en Métodos, dentro del análisis estadístico. Los Resultados dan los números que se obtuvieron, no los que se planificaron.

Pregunta 156

Comprensión lectora · Extracción y comparación de datos · Básica
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

¿Cuántos alumnos del grupo control no completaron las mediciones finales?

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Respuesta: C

El grupo control empezó con 480 alumnos y completaron el estudio 408: 480 − 408 = 72. Los 48 son las pérdidas del grupo de intervención (480 − 432) y los 120, las pérdidas de los dos grupos juntos.

Pregunta 157

Comprensión lectora · Vocabulario biomédico y de investigación · Media
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

Las mediciones las realizaron «enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro». ¿Cómo se llama esta característica del diseño?

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Respuesta: A

Que quien mide no sepa qué tratamiento recibió cada participante es enmascarar o «cegar» la evaluación, y evita que sus expectativas influyan en las mediciones. La asignación por conglomerados se refiere a que se sorteó cada centro, no a lo que sabían quienes medían.

Pregunta 158

Comprensión lectora · Estructura del artículo científico · Básica
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

¿Cuál fue la variable principal del estudio?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: D

En «Variables y mediciones» se dice expresamente que la variable principal fue la presión arterial sistólica. La condición cardiorrespiratoria, que fue la que más cambió, era una variable secundaria, igual que la cintura y el sueño.

Pregunta 159

Comprensión lectora · Extracción y comparación de datos · Media
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

¿Cuántos minutos de actividad física adicional ofreció el programa a cada alumno a lo largo de todo el curso?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: D

El programa ofrecía 20 minutos al día, cinco días a la semana, durante 32 semanas: 20 × 5 = 100 minutos por semana, y 100 × 32 = 3.200 minutos. La cifra de 640 resulta de olvidar que había cinco sesiones por semana (20 × 32).

Pregunta 160

Comprensión lectora · Interpretación e inferencia · Media
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

¿Por qué es importante que ambos grupos siguieran recibiendo las dos horas semanales de Educación Física?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: A

Si los dos grupos reciben la misma Educación Física, cualquier diferencia en los resultados puede atribuirse al programa añadido, que es lo único que los distingue por diseño. El programa no sustituía a esas clases: se sumaba a ellas, antes de la primera clase del día.

Pregunta 161

Comprensión lectora · Extracción y comparación de datos · Básica
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

¿Cómo cambió la presión arterial sistólica media del grupo control entre el comienzo y el final del curso?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: C

En el grupo control pasó de 111 a 110 mmHg, es decir, bajó 1 mmHg. Los 4 mmHg son el descenso del grupo de intervención y los 3 mmHg, la diferencia entre ambos grupos.

Pregunta 162

Comprensión lectora · Vocabulario biomédico y de investigación · Media
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

La diferencia de presión arterial sistólica entre los grupos fue de −3 mmHg, con un «intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg». ¿Qué expresa ese intervalo?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: B

Un intervalo de confianza indica la precisión de una estimación: los valores plausibles de la verdadera diferencia media entre los grupos. No describe cuánto bajó la presión de cada alumno, que variaba de unos a otros; y como el intervalo no incluye el cero, la diferencia es compatible con un efecto real del programa.

Pregunta 163

Comprensión lectora · Extracción y comparación de datos · Básica
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

¿En cuántos puntos porcentuales disminuyó la proporción de alumnos con presión arterial elevada en el grupo de intervención?

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Respuesta: A

La proporción pasó del 15% al 9%: 15 − 9 = 6 puntos porcentuales. El 1 punto es el descenso del grupo control (del 14% al 13%), y 40 es el descenso relativo expresado en porcentaje, no en puntos.

Pregunta 164

Comprensión lectora · Extracción y comparación de datos · Difícil
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

Si se compara en términos relativos el descenso de la proporción de alumnos con presión arterial elevada, ¿cuál de estas afirmaciones es correcta?

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Respuesta: D

En el grupo de intervención bajó 6 puntos sobre un 15% inicial: 6 / 15 = 0,4, un 40% menos. En el control bajó 1 punto sobre un 14%: 1 / 14 ≈ 0,07, alrededor de un 7%. Los valores de 6 y 1 son diferencias absolutas en puntos porcentuales, no reducciones relativas, y el 9% y el 13% son las proporciones finales.

Pregunta 165

Comprensión lectora · Extracción y comparación de datos · Básica
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

En la prueba de ida y vuelta de 20 metros, ¿cuántos tramos ganaron de media los alumnos del grupo control?

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Respuesta: C

El grupo control pasó de 40 a 42 tramos, es decir, ganó 2. El 5 es ese mismo aumento expresado en porcentaje (2 / 40 = 5%), y los 8 tramos son la ganancia del grupo de intervención.

Pregunta 166

Comprensión lectora · Interpretación e inferencia · Difícil
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

En el grupo de intervención, ¿qué se desprende de los datos sobre la mejora de chicos y chicas en la prueba de ida y vuelta?

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Respuesta: B

Los chicos ganaron 9 tramos sobre 47 (9 / 47 ≈ 19%) y las chicas 7 sobre 33 (7 / 33 ≈ 21%). En valor absoluto mejoraron más los chicos, pero en proporción a su valor inicial, más bajo, mejoraron algo más las chicas. El 20% es la mejora media del grupo, no la de cada sexo.

Pregunta 167

Comprensión lectora · Interpretación e inferencia · Media
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

Respecto al perímetro de la cintura, ¿qué puede concluirse de los resultados?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: A

La cintura bajó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el control, una diferencia de solo 0,2 cm que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41, mayor que 0,05). Los 0,6 cm son el cambio de un grupo, no la diferencia entre ambos, y los autores concluyen que el programa no tuvo efecto sobre la cintura.

Pregunta 168

Comprensión lectora · Interpretación e inferencia · Media
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

¿En qué se basan los autores para proponer que la bajada de la presión arterial no se debe a una pérdida de grasa?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: C

La Discusión lo razona así: si la presión bajó pero la cintura y el índice de masa corporal no cambiaron de forma distinta, la pérdida de grasa no explica el efecto y hay que pensar en otros mecanismos. El aumento del sueño se menciona como posible contribución, no como prueba de que no hubo pérdida de grasa.

Pregunta 169

Comprensión lectora · Interpretación e inferencia · Difícil
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

En la Discusión, los autores escriben que un programa de este tipo «podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta». ¿Qué relación tiene esta afirmación con los datos del estudio?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: D

El estudio midió la presión arterial durante un único curso y no hizo ningún seguimiento posterior, así que la prevención de la hipertensión adulta es una hipótesis de los autores, no un resultado. Ellos mismos lo reconocen en las Conclusiones, al pedir estudios con un seguimiento de varios años antes de recomendarlo con ese fin.

Pregunta 170

Comprensión lectora · Interpretación e inferencia · Media
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

Entre los alumnos que asistieron al 80% o más de las sesiones, la presión sistólica bajó 5 mmHg, y entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. ¿Por qué advierten los autores que esta comparación debe interpretarse con cautela?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: B

Cada alumno decidió en la práctica cuánto asistía, de modo que los más constantes podían tener más motivación o mejores hábitos, y eso, y no solo las sesiones, podría explicar su mayor descenso. La asistencia media fue del 78%, no del 50%, y los datos proceden del grupo de intervención.

Pregunta 171

Comprensión lectora · Estructura del artículo científico · Media
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

¿Cuál de las siguientes NO figura entre las limitaciones que reconocen los autores?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: A

Los autores dicen lo contrario: los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, pero las enfermeras que midieron no lo sabían. El número reducido de centros, las pérdidas desiguales y la falta de seguimiento sí aparecen en el párrafo de limitaciones.

Pregunta 172

Comprensión lectora · Vocabulario biomédico y de investigación · Media
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

Los autores señalan que las pérdidas desiguales «podrían introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron». En este contexto, «sesgo» significa:

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: D

Un sesgo es un error sistemático: si, por ejemplo, abandonaron sobre todo los alumnos con peores resultados de un grupo, la comparación quedaría desviada siempre en el mismo sentido. La pérdida de participantes no es el sesgo en sí, sino la posible causa de que aparezca.

Pregunta 173

Comprensión lectora · Extracción y comparación de datos · Media
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

En la submuestra con acelerómetro, ¿cuántos minutos por noche más aumentó la duración del sueño en el grupo de intervención que en el grupo control?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: C

El sueño aumentó 18 minutos en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min): 18 − 3 = 15 minutos de diferencia. Los 18 minutos son el aumento de un solo grupo, no la diferencia entre ambos.

Pregunta 174

Comprensión lectora · Interpretación e inferencia · Difícil
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

Podría objetarse que los alumnos del programa compensaran la actividad de la mañana moviéndose menos el resto del día. ¿Qué dato del artículo responde a esa objeción, y con qué limitación?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: C

Si la actividad fuera del colegio no cambió, no hubo compensación; pero ese dato procede de un cuestionario y no de un aparato, y los autores lo incluyen entre sus limitaciones. La asistencia a las sesiones o el sueño no dicen nada sobre cuánto se movían los alumnos por la tarde.

Pregunta 175

Comprensión lectora · Estructura del artículo científico · Media
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

¿En qué apartado comparan los autores la magnitud del efecto que obtuvieron con la descrita en estudios previos?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: B

Es en la Discusión donde se dice que el efecto es similar a las reducciones de 2 a 5 mmHg de estudios previos más breves. La Introducción también menciona estudios anteriores, pero solo para señalar que eran cortos y pequeños, no para comparar sus resultados con los propios, que aún no se han presentado.

Pregunta 176

Comprensión lectora · Vocabulario biomédico y de investigación · Básica
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

Se excluyó a los alumnos con «una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso». ¿Qué significa aquí «contraindicaba»?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: A

Una contraindicación es una circunstancia que hace desaconsejable o peligroso un tratamiento o una actividad; por eso esos alumnos se excluyeron por su seguridad. Si la enfermedad no influyera en el ejercicio, no habría motivo para excluirlos.

Pregunta 177

Comprensión lectora · Interpretación e inferencia · Media
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

Según los autores, ¿por qué una reducción de 3 mmHg puede ser relevante aunque sea pequeña para un individuo?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: D

La Discusión explica que desplazar ligeramente hacia abajo la presión de todos los alumnos reduce cuántos superan el umbral de presión elevada, como ocurrió en el grupo de intervención. Los 3 mmHg no superan los estudios previos, sino que quedan dentro de su rango de 2 a 5 mmHg.

Pregunta 178

Comprensión lectora · Estructura del artículo científico · Difícil
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

Los autores reconocen que, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo. ¿Qué hicieron para compensarlo?

Mostrar respuesta y explicación

Respuesta: B

Tanto el análisis estadístico de Métodos como el párrafo de limitaciones indican que los modelos se ajustaron por el valor inicial de cada variable, además de por el sexo y la edad. Los alumnos con presión elevada no se excluyeron: el artículo da incluso su resultado por separado.

Pregunta 179

Comprensión lectora · Extracción y comparación de datos · Difícil
Mostrar el texto · Efecto de un programa escolar de actividad física diaria sobre la presión arterial y la condición física de los adolescentes: ensayo controlado aleatorizado por conglomerados

Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

Del total de alumnos que no completaron el estudio, ¿qué proporción pertenecía al grupo control?

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Respuesta: A

Se perdieron 48 alumnos del grupo de intervención (480 − 432) y 72 del control (480 − 408), 120 en total; 72 / 120 = 0,6, es decir, el 60%. El 15% es la proporción de alumnos del grupo control que se perdió, una cifra distinta porque se calcula sobre los 480 de ese grupo y no sobre las 120 pérdidas.

Pregunta 180

Comprensión lectora · Vocabulario biomédico y de investigación · Básica
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Resumen. Objetivo: evaluar si 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar reducen la presión arterial sistólica de los adolescentes. Métodos: ocho centros de secundaria se asignaron por sorteo al programa o a su horario habitual durante 32 semanas; participaron 960 alumnos de 12 a 15 años. Resultados: la presión arterial sistólica descendió 4 mmHg en el grupo de intervención y 1 mmHg en el grupo control (diferencia: −3 mmHg; IC 95%: −4,5 a −1,5), y la condición cardiorrespiratoria mejoró un 20% y un 5%, respectivamente. Conclusiones: un programa breve y de bajo coste reduce de forma modesta la presión arterial sistólica y mejora la condición física de los adolescentes.

Introducción. Aunque la hipertensión arterial se ha considerado un problema de adultos, distintos estudios poblacionales indican que entre el 10% y el 15% de los adolescentes europeos presentan cifras de presión arterial elevadas para su edad, sexo y talla. Además, la presión arterial muestra un fenómeno de «arrastre»: los adolescentes con cifras más altas tienden a ser los adultos con cifras más altas, de modo que un valor elevado a los 14 años se asocia a un mayor riesgo de hipertensión décadas después.

La actividad física regular reduce la presión arterial en los adultos, y las recomendaciones internacionales aconsejan que los niños y adolescentes acumulen al menos 60 minutos diarios de actividad moderada o vigorosa. No obstante, la mayoría de los adolescentes no alcanza esa cifra. Los programas escolares llegan a todos los alumnos, pero los ensayos publicados hasta ahora han sido en su mayoría de corta duración (entre 8 y 12 semanas), con muestras pequeñas, y pocos han tomado la presión arterial como variable principal. El objetivo de este estudio fue comprobar si añadir 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, durante un curso completo, reduce la presión arterial sistólica de los adolescentes. Como objetivos secundarios se estudiaron la condición cardiorrespiratoria, el perímetro de la cintura y la duración del sueño.

Métodos. Diseño y participantes. Se realizó un ensayo controlado aleatorizado por conglomerados: la unidad que se asignó al azar no fue cada alumno, sino cada centro escolar, para evitar que alumnos de un mismo centro recibieran tratamientos distintos. Participaron ocho centros públicos de secundaria, de tamaño similar, de una misma ciudad del norte de España. Antes de reclutar a los alumnos, se asignaron por sorteo cuatro centros al grupo de intervención y cuatro al grupo control. Se invitó a los 1.200 alumnos de primero a tercero de Educación Secundaria Obligatoria (12 a 15 años) de esos centros, y 1.000 de ellos entregaron el consentimiento informado firmado por sus padres o tutores. Se excluyó a 40 alumnos por presentar una enfermedad cardíaca que contraindicaba el ejercicio intenso, por tomar medicación antihipertensiva o por tener una lesión que les impedía realizar las pruebas físicas. La muestra final fue de 960 alumnos, 480 en cada grupo.

Intervención. En los centros del grupo de intervención, los alumnos realizaron 20 minutos de actividad física de intensidad moderada o vigorosa antes de la primera clase, cinco días a la semana, durante 32 semanas. Las sesiones, dirigidas por profesores de Educación Física, combinaban carrera, juegos y circuitos sencillos sin material especial. Los centros del grupo control mantuvieron su horario habitual. Ambos grupos siguieron recibiendo las dos horas semanales de Educación Física que establece el currículo. El programa costó unos 9 euros por alumno y curso.

Variables y mediciones. La variable principal fue la presión arterial sistólica, medida en reposo con un aparato automático validado. Se consideró presión arterial elevada un valor igual o superior al percentil 90 para la edad, el sexo y la talla. La condición cardiorrespiratoria se midió con la prueba de ida y vuelta de 20 metros, en la que se corre entre dos líneas cada vez más deprisa; el resultado es el número de tramos completados. También se midieron el perímetro de la cintura, el peso y la talla. Las mediciones se hicieron al comienzo y al final del curso, y las realizaron enfermeras que desconocían a qué grupo pertenecía cada centro. En una submuestra de 200 alumnos elegidos por sorteo (100 por grupo), el sueño se registró durante siete días con un acelerómetro de muñeca. La actividad física fuera del horario escolar se estimó mediante un cuestionario.

Análisis estadístico. Se calculó que, con 400 alumnos por grupo, el estudio tendría una probabilidad del 80% de detectar una diferencia de 2 mmHg entre los grupos, teniendo en cuenta que los alumnos de un mismo centro se parecen entre sí más que los de centros distintos. Los resultados se analizaron con modelos estadísticos que tienen en cuenta esa agrupación por centro y que ajustan por el valor inicial de cada variable, el sexo y la edad. Se consideraron estadísticamente significativas las diferencias con un valor de p inferior a 0,05.

Resultados. Participantes. Completaron las mediciones finales 840 alumnos (87,5%): 432 del grupo de intervención (90%) y 408 del grupo control (85%). Al inicio, los dos grupos eran similares: la edad media era de 13,4 años en ambos, el 49% de los alumnos eran chicas y la presión arterial sistólica media era de 112 mmHg en el grupo de intervención y de 111 mmHg en el grupo control. Solo el 28% de los participantes alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios de actividad física (el 37% de los chicos y el 19% de las chicas).

Presión arterial. Al final del curso, la presión arterial sistólica media había bajado de 112 a 108 mmHg en el grupo de intervención y de 111 a 110 mmHg en el grupo control. La diferencia entre los grupos, una vez ajustada, fue de −3 mmHg (intervalo de confianza del 95%: de −4,5 a −1,5 mmHg; p < 0,001). La presión arterial diastólica bajó 1 mmHg en ambos grupos, sin diferencias entre ellos (p = 0,62). La proporción de alumnos con presión arterial elevada pasó del 15% al 9% en el grupo de intervención y del 14% al 13% en el grupo control.

Condición física y composición corporal. En la prueba de ida y vuelta, el número medio de tramos pasó de 40 a 48 en el grupo de intervención (un aumento del 20%) y de 40 a 42 en el grupo control (un 5%). En el grupo de intervención, los chicos ganaron 9 tramos (de 47 a 56) y las chicas, 7 (de 33 a 40). El perímetro de la cintura disminuyó 0,6 cm en el grupo de intervención y 0,4 cm en el grupo control, una diferencia que no fue estadísticamente significativa (p = 0,41); tampoco cambió de forma distinta el índice de masa corporal.

Sueño y actividad física. En la submuestra con acelerómetro, la duración media del sueño aumentó 18 minutos por noche en el grupo de intervención (de 7 h 20 min a 7 h 38 min) y 3 minutos en el grupo control (de 7 h 22 min a 7 h 25 min), una diferencia significativa (p = 0,03). Al final del curso, el 41% de los alumnos del grupo de intervención alcanzaba la recomendación de 60 minutos diarios, frente al 29% del grupo control. Según el cuestionario, la actividad física fuera del horario escolar no cambió en ninguno de los dos grupos.

Participación y efectos adversos. Los alumnos del grupo de intervención asistieron, de media, al 78% de las sesiones. Entre los que asistieron al 80% o más, la presión arterial sistólica bajó 5 mmHg; entre los que asistieron a menos de la mitad, 1 mmHg. El descenso también fue mayor entre los alumnos que partían de una presión arterial elevada (7 mmHg en el grupo de intervención, frente a 2 mmHg en el grupo control). Durante el curso se registraron seis lesiones leves en el grupo de intervención y dos en el grupo control; ninguna requirió ingreso hospitalario.

Discusión. En este ensayo, 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar redujeron la presión arterial sistólica de los adolescentes 3 mmHg más que el horario habitual y mejoraron claramente su condición cardiorrespiratoria, sin modificar el perímetro de la cintura. Una reducción de 3 mmHg es pequeña para un individuo, pero relevante en toda una población: desplazar ligeramente hacia abajo la presión arterial de todos los alumnos reduce el número de los que superan el umbral de presión elevada, como se observó en el grupo de intervención. El efecto es similar al descrito en estudios previos más breves, que encontraron reducciones de entre 2 y 5 mmHg, pero aquí se obtuvo durante un curso entero y en condiciones reales.

El hecho de que la presión arterial bajara sin que cambiaran la cintura ni el índice de masa corporal sugiere que el efecto no se debe a una pérdida de grasa, sino a otros mecanismos, como una mejor función de los vasos sanguíneos. El aumento de la duración del sueño podría contribuir también, ya que dormir poco se ha asociado a cifras de presión más altas; sin embargo, este estudio no permite saber qué parte del efecto se debe al sueño. Creemos que, si se mantuviera durante toda la etapa escolar, un programa de este tipo podría contribuir a prevenir la hipertensión en la edad adulta.

Este estudio tiene varias limitaciones. En primer lugar, solo se asignaron ocho centros y, con tan pocas unidades de asignación, el sorteo no garantiza que los grupos sean comparables en todo; por ello se ajustó el análisis por los valores iniciales. En segundo lugar, los alumnos y los profesores sabían si participaban en el programa, aunque las enfermeras que hicieron las mediciones no lo sabían. En tercer lugar, se perdieron más alumnos en el grupo control (15%) que en el de intervención (10%), lo que podría introducir un sesgo si los que abandonaron eran distintos de los que permanecieron. En cuarto lugar, la relación entre la asistencia y el descenso de la presión arterial no procede de una comparación aleatorizada: los alumnos que asistieron más a las sesiones podrían diferir de los demás en otros aspectos, como su motivación o sus hábitos. Por último, el sueño solo se midió en una submuestra, la actividad fuera del colegio se recogió mediante cuestionario y no se hizo ningún seguimiento después del verano, por lo que se desconoce si el efecto se mantiene cuando el programa se interrumpe.

Conclusiones. Un programa de 20 minutos diarios de actividad física al comienzo de la jornada escolar, sencillo y de bajo coste, es viable en centros públicos de secundaria, mejora la condición cardiorrespiratoria de los adolescentes y reduce de forma modesta su presión arterial sistólica. Estos resultados apoyan su incorporación a la jornada escolar, pero antes de recomendarlo como medida de prevención de la hipertensión en los adultos serían necesarios estudios con más centros, de distintas regiones y con un seguimiento de varios años.

En el artículo, ¿a qué se refiere la expresión «efectos adversos»?

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Respuesta: C

Bajo el título «Participación y efectos adversos» se describen las lesiones leves registradas en cada grupo, es decir, daños no deseados. Un resultado contrario a la hipótesis no es un efecto adverso, sino un hallazgo negativo.

Sobre este simulacro

Examen de Admisión Medicina Universidad de Navarra: exámenes anteriores

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